MAESTROS DE LA ANESTESIOLOGÍA CHILENA: RECORDADOS Y OLVIDADOS

Dr. Ricardo Bustamante Bozzo

Correspondencia
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Rev. chil. anest. Vol. 43 Número 4 pp. 294-297|https://doi.org/10.25237/revchilanestv43n04.01|
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Durante ceremonias realizadas en el XLII Congreso Chileno de Anestesiología, realizado entre los días 27 al 29 de noviembre de 2014, el Directorio de la Sociedad de Anestesiología de Chile nombró a dos, de entre sus más distinguidos socios, Maestros de la Anestesiología Chilena: la Profesora Dra. Lucía Volosky Hille y el Profesor Dr. José De la Fuente Ballesteros.

Figura 1 Dra. Lucía Volosky Hille. Maestra de la Anestesiología Maestra de la Anestesiología Chilena, 29 de noviembre de 2014.

Figura 2 Dr. José de la Fuente Ballesteros. Maestro de la Anestesiología Chilena, 29 de noviembre de 2014.

Es un honor para este Editor presentar por tercera vez durante mi período el ascenso a la categoría de Maestros a miembros de nuestra comunidad. En este caso se trata de dos personas que han estado presentes en el quehacer anestesiológico los últimos 30 años. Uno de cada uno de los más importantes centros de formación de especialistas de Chile, y cada uno destacado en su ámbito y respetado por sus pares y discípulos. Se presentan en este número de la Revista Chilena de Anestesia los discursos de presentación como Maestros y los agradecimientos de los nuevos integrantes de nuestro pequeño Salón de la Fama. El Dr. de la Fuente hizo un discurso formal, conciso pero contundente, que será transcrito en este número; la Dra. Volosky hizo una improvisación, que reflejó una gran emoción personal y transmitió sus sentimientos al público presente. Tuvo la gentileza de enviarnos un resumen de sus palabras de agradecimiento para ser publicadas.

La presentación de la Dra. Volosky es realizada por uno de sus grandes amigos y actual Director del Departamento de Anestesiología y Reanimación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, el Dr. Luis Brunet Lachaise y, la del Dr. de La Fuente. por el Dr. Héctor Lacassie Quiroga, uno de sus más queridos discípulos.

Hace unos años mi impresión era ver a estos personajes muy alejados del resto de la comunidad anestesiológica: el Dr. Cabrera un anciano Maestro, más cercano a un ser superior que a uno de los nuestros; el Dr. Badía, otro intocable, intelectualmente brillante, pero lejano; el Dr. García Miller, incansable trabajador en varios directorios de la Sociedad. Luego llegaron Maestros míos, con los que tuve contacto académico y social: el Dr. Urzúa, la Dra. Muñoz, el Dr. De Gatica, etc.

Hace un par de años tuve el placer de asistir al nombramiento de dos Maestros que ya eran amigos míos, el Dr. Samuel Torregrosa y el Dr. Héctor Lacassie Silva, a quien tuve además el honor de presentar. (Ref.) El año pasado, tras el prematuro fallecimiento del Dr. Hernán Muñoz Letelier, el Directorio de la Sociedad tuvo la gran idea de saltarse reglamentos que no son siempre adecuados para situaciones excepcionales y nombrarlo Maestro de la Anestesiología en forma póstuma (Ref.). Esta vez era un hombre, joven, cercano a las nuevas generaciones.

Es así, como por el envejecimiento de este Editor, pero además, porque cada vez más personas van a tener acceso a este mérito, porque ahora somos más, estamos en más partes y en definitiva salimos del pabellón, para llegar a cargos públicos, para desafiar a ministros, para enfrentar las cámaras, inevitablemente los Maestros habrán sido primero mis maestros, luego mis amigos y finalmente mis discípulos. Es así, que si el número de Maestros aumenta no es porque se esté manoseando el título, sino porque más personas cumplen los requisitos que nuestra propia Sociedad de Anestesiología quiso imponerse. Siempre habrá personas que estén de acuerdo o no con los nombres, pero a nadie puede caberle duda que en esta oportunidad las dos personas nombradas han sido formadores de generaciones de anestesiólogos que ahora ejercen su labor a lo largo de todo Chile, y tienen los méritos más que suficientes para llegar a esta instancia, cualesquiera que sean los reglamentos que hayan tenido que sortear para ser elegidos.

El hecho es que tengo el derecho a enorgullecerme que, de una forma u otra, he estado en contacto bastante directo con Jorge Urzúa, Héctor Lacassie, Samuel Torregrosa y José de la Fuente. Con Jorge y Tito existe una relación más de maestro a discípulo; con Pepe, Samuel y Jorge Dagnino (quien no me cabe duda que no puede ser olvidado), durante 5 años formamos un cuarteto inolvidable de trabajo y amistad, que nunca decayó con los años. A pesar de que el destino hizo que el cuarto mosquetero tuviera que migrar, los otros tres hicieron fructificar un Departamento que nos guste o no, ha liderado la docencia y la investigación en anestesiología en Chile los últimos 25 años.

A todos aquellos que les gusta el chaqueteo y, como ocurre mucho en Chile, tratan de tirar para abajo, les digo sinceramente que aunque el número aumenta, no son pocos los que faltan en esta lista y ninguno de ellos sobra. Me atrevo a nombrar algunas personas destacadas que no me cabe duda contribuyeron enormemente a formar anestesistas (maestro = persona que enseña una ciencia, arte u oficio), pero que la distinción aún no era creada, o fallecieron prematuramente, o raramente, no fueron tomados en cuenta: Ernesto Frías, Luis Bartlet, Marcos Kleiman, Egipto Torres, Luis Torres, Max Arriagada, Eliana Giglio, Álvaro Iñiguez, Jorge Gallardo, etc. Y actualmente veo a tanta gente que ha crecido profesionalmente en los últimos años, y veo nuevos programas de formación que han ido consolidándose y veo a muchos nuevos futuros maestros, porque están haciendo méritos más que suficientes. Lo lógico es que el número aumente: cuando se nombró al Prof. Cabreras, Maestro de la Anestesiología no había más de 40 anestesiólogos ejerciendo en nuestro país; ahora hay más de 1.000.

Existe la alternativa que la Sociedad eleve los requerimientos para ser nombrado Maestro, pero en mi opinión personal (que no es desinteresada porque participé en la comisión que estableció aquellas pautas), es injusto para las nuevas generaciones y lo lógico es que mientras más anestesiólogos ejerzan, más tengan la posibilidad de llegar a la maestría. No es tampoco prerrogativa de los más brillantes, sino de los más trabajadores y representativos de la especialidad.

Deliberadamente no los he nombrado a todos en esta oportunidad, porque en un Editorial anterior 1 traté de hacer una reseña de cada uno de ellos y ocurrió lo que no debe ocurrir; omití inexcusablemente a uno de ellos: el Dr. Mario Folch Angulo. Mi omisión probablemente se debió a que el Dr. Folch fue nombrado Maestro en una reunión mensual de la Sociedad Chilena de Anestesiología y no en una ceremonia especial en el marco de un Congreso Chileno de Anestesiología como ha ocurrido con los otros. Tampoco aparece el Dr. Folch en el listado y reseñas de los Maestros de la Anestesiología de la página web de la Sociedad Chilena de Anestesiología, lo que es imprescindible reparar 2 . El único testimonio escrito dedicado al Dr. Folch en esta revista fue un obituario realizado por la Dra. Juana Jaque G. 3 y, el discurso de presentación, hecho por uno de sus más directos discípulos, el Dr. Sergio Carmona O., quien me hiciera ver personalmente el error reiterado cometido, nunca fue publicado. Tampoco hubo discurso de agradecimiento en aquella oportunidad, porque el Dr. Folch estaba enfermo y no acudió al homenaje, aunque estuvieron presentes sus tres hijos.

Es por eso el nombre de este Editorial, en que aprovecho la nominación de dos nuevos Maestros, que tendrán su espacio más adelante, para homenajear al olvidado Maestro: Dr. Mario Folch Angulo.

Figura 3 Dr. Mario Folch Munita. Maestro de la Anestesiología Chilena, 29 de septiembre de 1995.

El Dr. Mario Folch fue el fundador de los Servicios de Anestesiología en los hospitales San Vicente de Paul y Militar y el primer Profesor Titular de la cátedra de Anestesiología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. También fue el primero en crear un Servicio de Anestesia independiente de cirugía y pabellón. Fue Presidente de la Sociedad de Anestesiología de Chile entre los años 1951 y 1953, año en que funda esta Revista, siendo su primer Editor. Fue nombrado Maestro de la Anestesiología Chilena el 29 de septiembre de 1995, cuando ya se había alejado de la actividad y cursaba con una grave enfermedad que finalmente lo venció el 29 de octubre de 1997 a los 79 años de edad.

Pero para quienes lo conocieron, todos los grandes títulos y logros alcanzados no era lo que mejor caracterizaba al Profesor Folch, sino su carisma, su humanismo y sus sólidos principios éticos, que marcaron el adiestramiento profesional de muchas generaciones de anestesiólogos chilenos y extranjeros formados en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Además, un hombre alegre, culto, bueno para contar historias y con mucho sentido del humor.

En el año 1963 publica su libro “Resucitación Clínica”, en cuyo prólogo vierte algunos de los conceptos que él estima importantes para el quehacer docente: “Lo más importante en la prevención y tratamiento de una emergencia que no admite consultas, es saber pocas cosas ciertas y aplicarlas sin vacilaciones. Rara vez la erudición permite hacer esto porque muestra varios caminos donde no existe sino uno que conduce al éxito. Desde hace muchos años, la mayoría de las cosas que verdaderamente son importantes en medicina vienen siendo sepultadas por la lluvia incesante de hechos y cosas que no lo son. Aquello que importaba a los clínicos de antaño -y creo que también a los enfermos- muchas veces yace hoy enterrado por una capa espesa de publicaciones políglotas, difíciles de leer y más difíciles de entender. La ceniza impalpable de miles y miles de animalitos de laboratorio ha ocultado lo que, en la emergencia que tratamos no puede jamás olvidarse: las leyes biológicas inmutables, a las que el hombre no puede escapar. Ellas son las que recuerdo aquí. No se extrañen que sean pocas y simples. A medida que uno envejece, estudiando y viviendo clínicamente, descubre que -mientras más profundo el conocimiento- más simple y sencillo va siendo todo. Quien no ha descubierto lo anterior, aún no ha madurado para enseñar” 4 .

La sabiduría del Dr. Folch lo hizo ser autor y recopilador de frases que pueden reflejar su personalidad y calidad docente a quienes no lo conocimos, que hace que las nuevas generaciones lo recuerden y respeten permanentemente.

Termino este tardío homenaje con una recopilación de estas viñetas, algunas de ellas dejadas bajo el vidrio de las antiguas máquinas Dräger hasta fines de los setenta:

  • “La vida del paciente depende de tu vigilancia constante”, frase que se estuvo impresa al pie del protocolo anestésico del Departamento de Anestesiología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile hasta que se dejó de usar cuando se renovó la ficha a mediados de los noventa. Hoy existe una ficha electrónica.

  • “Con estudio y experiencia obtendremos el lugar que nos corresponde; el tiempo nos va a dar la razón”, refiriéndose a discusiones entre cirujanos e internistas que no tomaban en cuenta o sencillamente despreciaban la opinión de los anestesiólogos como parte del equipo médico.

  • “Si un alumno me dijera que por quedarse estudiando no bajó a ver el mar, lo amenazaría de inmediato con echarlo de la escuela para que no contagiara a los demás”, aludiendo a que un profesional no debe transformarse en un tecnócrata y alejarse del resto de las disciplinas.

  • “La anestesia más segura es la más simple”.

  • “Un miocardio bien oxigenado no te dará sorpresas desagradables”.

  • “La única diferencia entre Dios y yo es que Dios puede siempre, pero no siempre quiere y yo quiero siempre, pero no siempre puedo”.

  • “El conocimiento tiene como meta el progreso y el progreso es tener la capacidad de transformar el conocimiento en sabiduría”.

Especialmente ahora, con el nombramiento de la Dra. Lucía Volosky como Maestra de la Anestesiología Chilena, y anteriormente con el nombramiento de la Dra. Ana Luisa Muñoz y por qué no decirlo, del propio Dr. Felipe Olivarí, quien sucediera al Dr. Mario Folch como Jefe de Servicio, podemos decir que estamos ante la presencia de un Maestro de Maestros, que ha sido injustamente olvidado.

Hasta un poco antes de su fallecimiento, el Dr. Mario Folch estaba escribiendo un libro que había titulado “El Búho de Minerva”, en el que hace una completa recopilación de los inicios de la anestesiología en Chile y el avance de esta especialidad desde su creación. El texto fue escrito a máquina con un solo dedo debido a la enfermedad que lo aquejaba; consta de más de 1.000 páginas y 6 tomos. Era su voluntad que sólo fuera publicado después de su muerte, para no herir susceptibilidades. Además, en una reunión clínica en 1981 que él tituló “Historia del futuro de la anestesia”, confidenció que desde su jubilación estaba estudiando griego para poder leer a Platón en su lengua, pero su mayor temor era que no le alcanzara la vida para ello.

Debería ser una labor colectiva, de la Sociedad de Anestesiología de Chile, del Departamento de Anestesiología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, de la Revista Chilena de Anestesia y de nuestros historiadores anestesiólogos más destacados, Dr. Samuel Barrios y Jorge Dagnino, rescatar este texto del olvido en que ha quedado, editarlo y darlo a conocer a las nuevas generaciones ya sea en formato físico o digital. Que este libro no pase al olvido junto con su autor es una tarea de todos.

Referencias

 

  1. Bustamante R. Maestros de la Anestesiología Chilena. Rev Chil Anest 2010; 39: 251-253.
  2. Maestros de la Anestesiología, en http://www.sachile.cl/acercade/maestros.php (Acceso el 20 de diciembre de 2014).
  3. Jaque J. Profesor Dr. Mario Folch Angulo. Rev Chil Anest 1998; 27: 1: 45-48.
  4. Extracto del discurso del Dr. Sergio Carmona en su presentación ante la Sociedad de Anestesiología como “Maestro de la Anestesiología Chilena” al Dr. Mario Folch, el 29 de septiembre de 1995.
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