Carta del editor al editor

Dr. Ricardo Bustamante B.

Correspondencia
Filiaciones

Reve Chil Anest Vol. 42 Número 1 pp. 9-12|doi:
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Escribirse una carta a uno mismo es algo bastante insólito y digno de una revista literaria más que de una revista científica, sin embargo, en este caso me parece indispensable.

Nunca había recibido más comunicaciones que después del Editorial del número anterior de la Revista Chilena de Anestesia. Por lo menos 5 personas me amenazaron con enviar cartas al editor. Me hubiera encantado que esas comunicaciones llegaran más a menudo y no por razones extra científicas, sino para compartir resultados o discrepar de ellos de manera civilizada o incluso irreverente, pero respetuosa como debe ser en toda comunidad científica, y especialmente, en una tan pequeña como la nuestra, o casi familiar en el caso de aquéllos que hacen anestesia cardiovascular.

Desafortunadamente ninguna carta llegó, a pesar de que pasó incluso un número de la Revista sin publicarse*. Transcurrieron así casi 6 meses sin que saliera esta edición lo que sirvió para pasar unas cuantas noches en vela pensando en cómo solucionarlo. Cuando pasó el mes de diciembre y no logré entregar a imprenta el texto editado llegó una especie de relajación. No se acabó el mundo el 21 de diciembre, lo que me hubiera salvado del oprobio, pero una frase de un importante miembro del Directorio me relajó definitivamente: “¿Tú crees que alguien se ha dado cuenta que no ha salido la Revista?”.

No han sido pocas veces las que mi coeditor y amigo, ante mi preocupación por la errática secuencia de los números de la Revista me ha dicho: “no será la primera vez que se atrase un número de la Revista”.

Esas frases calman un poco mi espíritu en relación a la continuidad de la revista, pero no en cuanto a explicar el affair del Editorial. Mientras he sido editor me he preguntado muchas veces ¿Quién lee el editorial de nuestra revista? Pues esta vez lo leyó más gente que la necesaria o los pocos que lo leyeron tuvieron intenciones innecesariamente insidiosas. También me he preguntado quién lee la Revista, pero ahora tengo más claro que el nicho de nuestros lectores está en los anestesistas en formación y en los que publicaron algo en esa revista específica para ver cómo quedó la edición de su artículo. Seamos realistas. Para ser un poco más optimista creo que para muchos becados (tanto de Chile cómo del extranjero, según las comunicaciones vía e-mail y la estadística de entrada a la página web), ha sido un instrumento útil, especialmente números como éste que están dedicados a un tema específico.

Para aquéllos que no entienden nada, voy a tratar de resumir los hechos. Para quiénes no quieran enterarse (se los aconsejo), sigan adelante con los artículos de este número, que ha sido un gran esfuerzo realizado en esta oportunidad por un co-editor invitado, el Dr. Renato Chacón, quién ha convidado a un grupo destacado de colegas para revisar el tema “Anestesia para el paciente cardiópata sometido a cirugía no cardiaca”. Por mi parte, es un deber ineludible seguir adelante.

Quedé muy satisfecho porque en el N°2 de la Revista Chilena de Anestesia del año 2012, distribuido conjuntamente con el N°3 durante el XXXIX Congreso Chileno de Anestesiología realizado en Valdivia. La razón era que hacía mucho tiempo que no se publicaba 5 artículos originales en una revista. La mayoría de los números se completa con revisiones bibliográficas o presentación de casos clínicos. Como 3 de los 5 artículos originales estaban relacionados con anestesia en cirugía cardíaca, encontré lógico enviárselos a un especialista de vasta experiencia y además mi antecesor como editor de la Revista, el Dr. Guillermo Lema F., para que los editorializara.

El Dr. Lema me manifestó que estaba en desacuerdo con algunos resultados de los trabajos, y especialmente con la discusión de los trabajos, pero que sin embargo, de igual forma iba a escribir el Editorial, enfocándolo en otros aspectos relacionados, pero de importancia. Le sugerí que de todas maneras enunciara y fundamentara aquellos desacuerdos más gruesos.

Después de algún grado de presión por mi parte, siempre por razones de tiempo, me llegó el texto del Editorial. Como siempre hice algunas sugerencias y se llegó al texto definitivo, de manera que de soy indirectamente responsable por ser editor y directamente responsable al haber sugerido modificaciones.

Como me pareció que el texto era crítico, aunque algo encriptado por una historia, evidentemente una metáfora, se lo envié al primer autor de los tres artículos en cuestión, a quién le pareció bien el Editorial, y siguiendo las intenciones de la metáfora agregó: … “No dude que cuando esté más repuesto le haré una visita al vulcanizador de Marcoleta con Lira”. Toda una buena onda que posteriormente fue opacada por comentarios externos.

Unos 15 días después del Congreso empecé a escuchar comentarios sobre el texto que culminaron con una carta de la Dra. Mariana Varas, Jefa del Servicio de Anestesia del Instituto Nacional del Tórax (INT). No voy a resumir aquí la cantidad de e-mails que recibió tanto la Dra. Varas, que probablemente desencadenaron su sentida misiva, ni los que me llegaron a mí, especialmente de parte del Dr. Lema para tratar de explicarme que había sido mal interpretado y que lo último que hubiera querido decir era lo que se le estaba imputando.

Yo no entendía nada. Había publicado 3 artículos que a mi juicio eran buenos para ser divulgados a través de nuestra Revista, los 3 habían sido aprobados por el Consejo Editorial, 2 de ellos habían sido presentados en Congresos de Anestesia (y por lo tanto aprobados por el Comité Científico) y 1 de ellos había ganado el premio al mejor tema libre presentado en el XXVIII Congreso Chileno de Anestesia en Puerto Varas. El Editorial era crítico, pero como yo lo entendí, una crítica general a cómo se estaba realizando la investigación en Chile. Me sentí identificado entre los anestesiólogos que en forma aficionada tenemos inquietudes de hacer investigación clínica y/o docencia y no lo hemos hecho bien. Para qué decir los que han tenido inquietudes administrativas; alguno ha llegado a subsecretario y está haciendo como administrador todo lo que pensó que no se debería hacer como anestesista. Sin embargo, veo cómo cada día más los anestesiólogos se preparan haciendo diplomados de docencia, de investigación clínica y de administración. Al Dr. Lema y a mí ya se nos pasó el tren y no hicimos nada de eso, fuimos como el vulcanizador de la metáfora, pero queremos que eso cambie y estamos felices porque está cambiando.

Después de releer varias veces el Editorial, y tras los hechos acontecidos, creo que indudablemente el texto no fue claro y se prestaba para equívocos. Yo partí bien cuando leí el título: “Una vulcanización de barrio tan buena como la mejor del centro”, que aludía a un antiguo comercial de Farmacias Alameda y, a mi juicio, significaba que en un hospital de barrio (el INT), se podía hacer una investigación tan buena como en un hospital del centro (el Hospital de la Universidad Católica o el de la Universidad de Chile). Luego estuve perfectamente de acuerdo con todo lo que se dice hasta el primer subtítulo (¿Qué somos los anestesiólogos en Chile?). En esos párrafos, El Dr. Lema destaca el gran mérito de publicar 3 artículos de un tema escaso en nuestra literatura, de un mismo grupo y de un mismo primer autor. También destaca la consistencia que le da a los estudios el gran número de casos involucrados en cada investigación, algo que es difícil lograr en muchas partes, incluyendo el Hospital Clínico de la PUC (eso lo digo yo).

A continuación el Dr. Lema plantea las dificultades que implica en la actualidad la investigación en los hospitales públicos, dando ejemplos con los que me siento plenamente identificado. Agrego la dificultad de la aprobación de los protocolos por parte de los Comités de Ética, que se han tornado especialmente burócratas, e interfieren en temas metodológicos o estadísticos, totalmente alejados de su incumbencia. En los centros privados además, están preocupados de que el resultado de la investigación no vaya a molestar a la dirección o disminuir la clientela. Se destaca entonces lo meritorio que es que este grupo, a pesar de todas las adversidades y la presión asistencial siga investigando.

Luego, en el párrafo titulado ¿Qué somos los anestesiólogos en Chile? El Dr. Lema hace algunas disquisiciones independientes de los textos de los trabajos, generales para todos, incluyéndose él mismo. Yo estoy de acuerdo en muchos aspectos con el texto y en otros no y me parece lícito que se plantee un debate, pero un debate en que no hay 2 partes involucradas, sino en el que estamos todos los anestesiólogos involucrados. Puedo entender, sin embargo, que el texto se preste a malas interpretaciones y probablemente algunos entiendan de una forma y otros de otra lo que se quiere decir.

Ahora vamos a la famosa metáfora: un cuento, probablemente basado en hechos reales en que trata de explicar lo que ha pasado con la investigación clínica en Chile los últimos años. Está claro que el Dr. Lema no es un buen cuentista o muchos de nosotros no supimos o no quisimos interpretar su cuento. Cada vez que lo leo entiendo lo mismo: una farmacia de barrio tan buena como la mejor del centro, es que se puede hacer la mejor investigación en un lugar donde no hay gente que tiene los medios ni la formación para hacerlo. El hecho es que el parche funcionó y no había ningún insulto para el vulcanizador; él estaba haciendo las cosas bien, pero probablemente si hubiera tenido formación en docencia e investigación lo hubiera hecho mejor. La metáfora o el cuento de ninguna manera intenta tratar a los anestesiólogos del INT de “vulcanizadores de la anestesia”. Pero hubo gente que lo interpretó así, lo que quiere decir definitivamente que el Dr. Lema no tiene futuro en la literatura chilena.

Entre las anécdotas de todo esto, encontré en el computador de la comunidad de nuestro Servicio de la Ex Posta Central, como ahora está de moda decir, una carta en defensa de la Asociación Metropolitana de Dueños de Vulcanizaciones (ASOMEDUVU) de la Región Metropolitana, que voy a transcribir a continuación. Es autor, anónimo, probablemente fue ayudado por un colectivo, pero creo intuir su estilo.

Se trata de una carta enviada al director del INT, cuyo texto completo aquí reproduzco:

Sr. Director:

Nuestro cuerpo de abogados nos ha hecho llegar una preocupante información que dice relación con un editorial aparecido en la Revista Chilena de Anestesia. En él un académico muy respetado, con mucha historia en la sociedad científica correspondiente, ha emitido conceptos agraviosos para con uno de los integrantes de nuestro capítulo regional.

Paralelamente hemos obtenido una información periodística donde se registra una serie de afirmaciones donde usted categoriza y califica a los miembros del Servicio de Anestesia de la institución que usted tan dignamente dirige.

Si usted tuviera la gentileza de hacernos llegar todos los antecedentes con lo que usted cuenta, nosotros podríamos establecer jurídicamente una situación de injurias y calumnias que involucran y enlodan no sólo el buen nombre de nuestro asociado más arriba referido, sino que también salpican muy negativamente en forma importante e indiscutible a todo nuestro quehacer.

Con los datos por usted entregados nosotros, la Asociación Metropolitana de Dueños de Vulcanizaciones (ASOMEDUVU) de la Región Metropolitana, podremos demostrar que el Dr. Guillermo Lema nos ha injuriado por lo que nos querellaremos.

Después de tantos años dedicándonos personalmente a taparle los hoyos a todos nuestros clientes, entre los cuales no sólo se cuenta al responsable del Editorial mencionada sino también a otros connotados miembros de la misma sociedad científica, en forma honesta y responsable, otorgando un servicio rápido (aun cuando carezcamos de la tecnología de punta criticada) y de ofrecer un respaldo post servicio con garantía prolongada sin inventar datos o factores para exculparnos de eventuales fallas de nuestro sacrificado trabajo, para nosotros es inaceptable que se nos compare con un grupo de truhanes, una cáfila de mafiosos, una tribu de materialistas, una manada de oportunistas aprovechadores, como usted podrá permitirnos demostrar. No entendemos por qué el Dr. Guillermo Lema nos ha rebajado al nivel que ostenta un grupo de anestesistas de su Instituto. Más aun, desconociendo las razones de tal agresión, nosotros, la ASOMEDUVU, no vamos a permitir tal afrenta y vamos a defendernos en Tribunales.

Agradeciendo su comprensión, nos despedimos atentamente a la espera de su cooperación:

Anestesistas del Instituto Nacional del Tórax.

Esto no era una metáfora, pero una ironía digna de ser reproducida, incluso sin permiso de su anónimo autor, básicamente porque demuestra un gran sentido del humor, pero a la vez, el ambiente que se había creado en el Servicio de Anestesiología del INT después de varias llamadas telefónicas comentando esta virtual agresión y de un año de muchos tira y afloja con la dirección del hospital. Tengo que reconocer que el autor de la carta era mucho más creativo y más explícito que el del cuento: tienes futuro también en le literatura Mauro.

Así, las cosas fueron agrandándose y generando molestia extendida tanto en el interior, llegando a recibir 5 llamadas de colegas de fuera, preguntando si el Dr. Lema tenía algo en contra el Servicio de Anestesia del INT para escribir de esa forma (incluidas 2 personas del comité científico de la SACH), como fuera de él.

El Dr. Mario Concha, encargado del plan de formación de anestesiólogos de la PUC llamó disculpándose en nombre del servicio de la PUC por esta actitud del Dr. Lema y explicando que era una opinión personal y no de la Institución, que muchos de ellos rechazaban. Debe recordarse que al Instituto Nacional del Tórax acuden como campo clínico, alumnos de postgrado en Anestesiología de deferentes universidades, incluyendo la Universidad Católica. Lo cierto es que en la División de Anestesiología de la PUC hubo repercusiones: interpretaron el Editorial como ofensivo, pero hubo también otros que lo consideran adecuado. Se trató a mi modo de ver de una redacción poco clara, que se prestó como quedó ampliamente demostrado, a diversas disquisiciones.

Todo esto fue creando una sobre reacción del Servicio por estímulos externos, y porque no decirlo también por razones internas. El año 2012 para el Servicio de Anestesiología del INT fue durísimo, con una pésima relación con la dirección de hospital, lo que los llevó a unirse más, pero también a estar especialmente sensibles a cualquier situación que pudiera considerarse un ataque externo. Probablemente, la misma crítica efectuada a cualquier otro grupo de anestesistas, o al mismo grupo pero en otro contexto histórico, no habría aparecido como un desprecio o una denostación. A mi modo de ver hubiera sido mucho mejor una crítica más explícita, no a la metodología de los trabajos porque no la había, pero a la interpretación o discusión de los resultados, que una elucubración sobre la investigación clínica y un cuento mal interpretado, pero el editor no puede censurar un Editorial.

El resultado de todo esto fue que el Dr. Lema lamentó profundamente la situación que generó, por supuesto sin intención y estuvo siempre dispuesto a dar explicaciones. Quiso reunirse personalmente con la Dra. Varas y su equipo y explicó personalmente cuales habían sido sus reales propósitos, reiterándoles que en ningún momento hubo intención de insultar o menoscabar a nadie, con lo que finalmente se dio vuelta la página a este triste episodio.

Después de terminar con la relación de los hechos, para aquéllos que tuvieron la paciencia de llegar hasta aquí, quiero hacer un par de disquisiciones sobre la situación actual de docencia e investigación clínica.

La falta de especialistas ha hecho que el piso de formación de anestesiólogos esté bajando. Ha sido una política del Estado ante la necesidad imperiosa de contar con anestesiólogos, especialmente para cubrir un gran porcentaje de patologías AUGE que los requieren para su resolución, incentivar la formación de especialistas en campos clínicos que no tienen suficiente experiencia para la su formación y donde los docente son becados recién egresados de planes de formación ni siquiera aún reconocidos. Siempre habrá gente dispuesta por interés personal (interés en la docencia), por afán de lucro (sólo unos pocos porque tampoco hay mucha plata) o por presión de los Servicios de Salud (la mayoría), que tienen que participar voluntariamente o a la fuerza en la destrucción de lo que se había estado haciendo durante años.

La investigación básica es para los profesionales y para las pocas universidades preocupadas en estos tiempos por la investigación y la extensión. La investigación clínica en anestesiología, aunque ha sido bastante monopolizada por las Universidades Católica y de Chile, porque quiéranlo o no están para eso, no puede ser un monopolio de ellas. Los aficionados tenemos derecho a investigar, no para aumentar un grado académico como en las universidades, ni para ganar un Premio Nobel como parecieran querer algunos. Tenemos derecho a adquirir nuestras propias experiencias, sacar nuestras propias conclusiones y en muchas oportunidades sublimar la mediocridad en que nos desenvolvemos.

Sin ningún diplomado en investigación, tengo el honor de haber obtenido 2 premios al mejor tema libre de congreso. El Dr. Luciano González también lo logró muy precozmente, y espero que siga con el empuje que lo caracteriza. Este editor se siente honrado de haber publicado artículos diseñados y realizados en un Servicio Público y espero seguir contando con su inestimable colaboración. El Dr. Lema, con una opinión disidente hubiera podido callar, pero con la honestidad que lo caracteriza abrió el debate con altura de miras. Me quedo con una de sus frases: “Sólo algunos investigadores clínicos son capaces de generar un cuerpo de conocimiento y/o líneas de trabajo que sean un real aporte a la comunidad científica.” A esos, los necesitamos.

* La carta del Dr. Renato Chacón llegó después del cierre de la edición.

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