Dania Alejandra Aguilera-García1, Reyna María Sánchez-Ávila1, Manuel Alberto Guerrero-Gutiérrez2, Gerardo Solís-Pérez, Diego Escarramán-Martínez4, Humberto Guevara-García1, Santiago Andrés Berrón Pérez6, Jorge M. Antolinez-Motta157
Recibido: 2025-10-12
Aceptado: 2026-06-25
©2026 El(los) Autor(es) – Esta publicación es Órgano oficial de la Sociedad de Anestesiología de Chile
Revista Chilena de Anestesia Vol. 55 Núm. 4 | https://doi.org/10.25237/revchilanestv55n4-01
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Use of GLP-1 receptor agonists and SGLT2 inhibitors in the perioperative context: Clinical implications and current recommendations
Abstract
The advent of new drugs for the control of diabetes has brought significant benefits in modifying cardiovascular risk and substantially reducing body weight. However, their impact in the perioperative period has been reported as potentially dangerous in various situations. The suspension or continuation of these therapies remains under study, despite recommendations issued by different scientific societies. In this review, we aim to summarise the most current evidence and guide our community to make informed and evidence-based decisions, with the goal of providing accurate information to our patients and encouraging shared decision-making with the patient and their family.
Resumen
El advenimiento de nuevos fármacos para el control de la diabetes ha traído beneficios significativos en la modificación del riesgo cardiovascular y en la reducción sustancial del peso corporal. Sin embargo, su impacto en el perioperatorio ha sido reportado como potencialmente peligroso en diversas situaciones. La suspensión o continuación de estas terapéuticas continúa siendo objeto de estudio, a pesar de las recomendaciones emitidas por distintas sociedades científicas. En la presente revisión, buscamos resumir la evidencia más actual y guiar a nuestra comunidad para tomar decisiones informadas y fundamentadas en la evidencia, con el propósito de proporcionar información precisa a nuestros pacientes y fomentar decisiones compartidas con el paciente y su núcleo familiar.
Introducción
A nivel global, se realizan aproximadamente 313 millones de procedimientos quirúrgicos cada año. Se estima que 4,2 millones de personas mueren en los 30 días posteriores a la cirugía, lo que representa cerca del 7,7% de todas las muertes globales[1],[2]. Estas cifras ponen en manifiesto la relevancia de la vigilancia perioperatoria, y del adecuado manejo de comorbilidades cardiovasculares y metabólicas, factores determinantes en los desenlaces adversos posoperatorios[2]. Durante la última década, el uso de agonistas del receptor del péptido similar al glucagón-1 (AR GLP-1) y de inhibidores del cotransportador sodio-glucosa 2 (iSGLT2) ha aumentado significativamente. Estos fármacos se han consolidado como una estrategia terapéutica común para el control de enfermedades metabólicas y cardiorrenales[3]-[5]. Sin embargo, su empleo en el período perioperatorio continúa siendo objeto de debate debido a los posibles efectos adversos y la limitada evidencia limitada que respalda las recomendaciones actuales[6],[7]. Debido al incremento mundial de la prevalencia de enfermedades metabólicas y cardiovasculares, se ha observado un aumento proporcional en el número de pacientes que ingresan a quirófano y en quienes se identifica el uso preoperatorio de estos nuevos fármacos. Actualmente, se estima que uno de cada ocho adultos en Estados Unidos utiliza alguno de estos agentes[3],[4],[6]. Dada su eficacia en la reducción de eventos cardiovasculares mayores y el control glicémico y es por esta razón que su uso se ha extendido progresivamente a la población quirúrgica, sin embargo, su administración en el contexto perioperatorio ha generado controversias derivadas[5] principalmente de sus efectos adversos y complicaciones como el retraso en el vaciamiento y el aumento del volumen residual gástrico, condiciones que representan un riesgo potencial de regurgitación y broncoaspiración pulmonar en el caso den los AR GLP-1 y la cetoacidosis diabética euglicéemica (CADe) reportada con el uso de iSGLT2 durante procedimientos realizados bajo anestesia general o sedación profunda[3],[4],[6]-[8]. A partir de lo anterior, diversas sociedades incluyendo la Sociedad Americana de Anestesiólogos (ASA) en conjunto con otras sociedades, publicaron en 2024, un consenso multisociedad con recomendaciones para el manejo perioperatorio de pacientes bajo tratamiento con AR-GLP-1, mientras que, la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido (MHRA) y la U.S. Food and Drug Administration emitieron guías equivalentes para el uso de iSGLT2[7]. Ambas enfatizan la necesidad de una valoración integral e individualizada del riesgo-beneficio antes de suspender temporalmente estos fármacos previo a la cirugía, buscando optimizar la seguridad quirúrgica y mantener un adecuado control metabólico[6].
Mecanismo de acción
Agonistas del receptor GLP-1 Los AR GLP-1 imitan la acción del péptido similar al glucagón tipo 1, polipéptido dependiente de la glucosa que estimula la secreción de insulina y reduce la liberación de glucagón; a nivel gastrointestinal, enlentece el vaciamiento gástrico al actuar como freno ileal[6],[8]. Estos fármacos han demostrado ser eficaces en el control glucémico, la disminución de la glucosa posprandial y la reducción ponderal, por el aumento de la saciedad y la disminución de la ingesta calórica[3]-[5]. A nivel cardiovascular, estudios clínicos han demostrado una reducción significativa de eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE), infarto agudo de miocardio (IAM), eventos vasculares cerebrovasculares (EVC) y mortalidad[3]-[5],[9]. Las guías de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) y la Asociación Americana de Endocrinología Clínica (AACE) recomiendan su uso como tratamiento de primera línea, en pacientes con factores de riesgo cardiovascular[3]. En el contexto perioperatorio, se ha observado una mejoría en el control gliucémico y menor requerimiento de insulina, así como, una disminución del riesgo de hipoglucemia[4]. Estos agentes, se clasifican según su tiempo de acción y blancos farmacológicos en fármacos de acción corta (lixisenatida, exenatida), de acción prolongada (liraglutida, dulaglutida, semaglutida), de acción dual GLP-1/GIP (tirzepatida) y agonistas triples GLP-1, GIP y glucagón (retatrutida), que actualmente se encuentran en fases avanzadas de desarrollo[3] (Figura 1).
Inhibidores del cotransportador sodio-glucosa 2
Los iSGLT2 actúan bloqueando la reabsorción de glucosa en el túbulo contorneado proximal renal, induciendo glucosuria, reduciendo los niveles de glucosa a nivel sérico, independiente de la acción de la insulina, y promoviendo un efecto diurético osmótico[10],[11]. Además, incrementan la concentración de glucagón, lo que favorece la oxidación de ácidos grasos del tejido adiposo y la producción de cuerpos cetónicos[7],[12]. Con una vida media de 12-13 h, estos fármacos presentan propiedades cardioprotectores y renoprotectoras, lo que reduce la mortalidad en pacientes con insuficiencia cardíaca crónica, así como la incidencia de lesión renal aguda, arritmias y eventos cardiovasculares mayores (MACE)[5],[13]-[15]. Actúan, además, reduciendo el daño endotelial causado por la hiperglicemia; su acción osmótica contribuye al control de la presión arterial, a la disminución del trabajo cardíaco y la presión glomerular por descenso del volumen[14] (Figura 2). En pacientes con insuficiencia cardíaca crónica, un metaanálisis con más de 21.000 participantes mostró reducción en hospitalizaciones y mortalidad cardiovascular, además de reducción de MACE con efectos positivos en procedimientos coronarios[14],[16],[17]. Por ello, junto con la metformina, se consideran fármacos de primera línea en pacientes diabéticos con factores de riesgo cardiovascular[7].
Figura 1. Vida media de AR GLP-1.Factores de riesgo y complicaciones perioperatorias
AR GLP-1 Los efectos gastrointestinales, principalmente náuseas, vómitos y retardo en el vaciamiento gástrico, representan el principal riesgo durante el perioperatorio[4],[7],[18]. Este fenómeno incrementa el volumen residual gástrico y el riesgo de regurgitación y broncoaspiración durante la inducción anestésica, lo que plantea riesgos en el contexto perioperatorio, tendiendo a ser un factor por tomar en cuenta a la hora de prescribir los tiempos de ayuno e impactando en la técnica de abordaje a la vía aérea cuando se planea una anestesia general[4],[5],[18].
Al inhibir el vaciamiento gástrico posprandial, reducen la secreción de ácido gástrico y suprimen la peristalsis gástrica y duodenal, lo que aumenta la presión pilórica mediada por del nervio vago[5]. Se sugiere que la normalización del vaciamiento gástrico puede ocurrir entre las semanas 4 y 8 posteriores al inicio del tratamiento; sin embargo, el tiempo preciso es desconocido. Los fármacos de acción corta producen una estimulación intermitente de los receptores, a diferencia de la estimulación continua de los de acción prolongada, lo que conduce a taquifilaxia en un plazo de 4 a 5 semanas[3],[4],[6].
Figura 2. Vida media de iSGLT2.
Estudios observacionales reportan una incidencia baja de broncoaspiración reportada, de 1 caso por cada 3.000-7.000 cirugías electivas[3],[4]. Sin embargo, la presencia de contenido gástrico residual (volumen gástrico > 0,8 ml/kg o cualquier contenido sólido en el estómago) significativo ha sido documentada en procedimientos endoscópicos bajo el tratamiento con AR GLP-1[4]. Un ensayo aleatorizado controlado aleatorio mostró un retraso notable del 25% al 40% en la vida media del vaciamiento gástrico tras 8 semanas de tratamiento con linaglutida[4]. Los estudios sobre vaciamiento gástrico han detectado una prolongación en los tiempos de vaciamiento, con una diferencia de 138 minutos frente 95 minutos en los pacientes tratados con GLP-1[3].
Entre los factores que aumentan el riesgo de retardo en el vaciamiento gástrico se incluyen: inicio o escalonamiento del tratamiento, dosis elevadas o de administración semanal, síntomas gastrointestinales activos (náuseas, vómitos, dolor abdominal, estreñimiento) y enfermedades que afectan la motilidad gástrica (gastroparesia, dismotilidad intestinal y enfermedad de Parkinson)[3],[6],[8],[9]. La ausencia de síntomas gastrointestinales no descarta el riesgo de retraso en del vaciamiento gástrico[3] (Tabla 2, Figura 3).
A continuación, presentamos una tabla comparativa incluyendo los principales riesgos en el perioperatorio y las recomendaciones más actuales (Tabla 1).
Tabla 1. Comparación GLP-1 vs iSGLT2 en el perioperatorio
| Característica | GLP-1 | iSGLT2 |
| Mecanismo principal | ↑ Insulina, ↓ glucagón, ↑ saciedad, ↓ vaciamiento gástrico | ↑ Glucosuria bloqueando SGLT2 renal |
| Beneficios | ↓ MACE, ↓ peso, mejor control glucémico | ↓ mortalidad CV, ↓ hospitalizaciones por IC, protección renal |
| Riesgo perioperatorio clave | Retraso de vaciamiento gástrico → riesgo de broncoaspiración | Cetoacidosis diabética euglicémica (CADe) |
| Factores de riesgo relevantes | Inicio reciente, escalamiento, dosis altas, síntomas GI, administración semanal | Ayuno prolongado, cirugía mayor, sepsis, DM1, reducción de insulina |
| Recomendación principal | Suspender diaria el día de cirugía / semanal 1 semana antes (ASA 2024) | Suspender 3-4 días antes (AHA/ACC/FDA) |
| Reintroducción | Gradual, cuando tolere VO | Reiniciar con VO estable y cetonas < 3,5 mg/dL |
Tabla 2. Factores de riesgo para retraso del vaciamiento (GLP-1)
| Categoría | Factores |
| Farmacológicos | Inicio reciente, escalamiento de dosis, dosis elevadas, formulación semanal |
| Clínicos | Náusea, vómitos, distensión, dolor abdominal, estreñimiento |
| Comorbilidades | Gastroparesia, neuropatía diabética, Parkinson, dismotilidad intestinal |
| Hallazgos perioperatorios | Contenido gástrico residual > 0,8 ml/kg, sólidos en estómago |
Conclusiones
Sin duda, el advenimiento de estos fármacos ha traído un gran beneficio en la reducción del riesgo de complicaciones graves y de mortalidad perioperatoria; lamentablemente, la investigación sobre los efectos adversos asociados a su implementación y su relevancia en el período perioperatorio aún es escasa. La aplicación de modelos de decisión compartidos con el paciente y su núcleo familiar, basados en la evidencia disponible, aplicando no solo los datos epidemiológicos, sino también coadyuvar a la predicción del riesgo mediante el uso de tecnologías como el ultrasonido, deberá ayudarnos a tomar mejores decisiones para mitigar los posibles riesgos a los que nos enfrentamos.
La suspensión debe tener aún más discusión que la continuación de estas terapéuticas y debería reducirse a un grupo muy especial de enfermos, dado quedado que, en la mayoría de las situaciones, los beneficios de estos agentes superan el riesgo, además de existir alternativas para mitigar sus efectos adversos, diferentes a la suspensión.
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