Manejo perioperatorio de pacientes pediátricos con dispositivos de monitorización glicémica y administración insulínica

Francisco Javier Cárcamo Gruebler, MD.1,2,3*, María Alexandra Fajardo Razmilic, MD.1,2

Información y Correspondencia
Filiaciones
1 Anestesiólogo, Clínica Alemana Santiago. Santiago, Chile.2 Anestesiólogo, Universidad del Desarrollo. Santiago, Chile.3 Complejo Asistencial Dr. Sótero del Río.

Recibido: 15-08-2025
Aceptado: 17-09-2025
©2025 El(los) Autor(es) – Esta publicación es Órgano oficial de la Sociedad de Anestesiología de Chile


Revista Chilena de Anestesia Vol. 54 Núm. 5 pp. 581-589|https://doi.org/10.25237/revchilanestv54n5-13
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Perioperative management of pediatric patients with glycemic monitoring devices and insulin administration

Abstract

Periopertive management of pediatric patients with diabetes mellitus (DM) is challenging and requires a multidisciplinary and individualized approach. DM is a frequent comorbidity in the perioperative setting and significantly increases cardiovascular, renal, and metabolic morbidity and mortality. New technologies for automated insulin delivery and continuous glucose monitoring are transforming DM care but also creating specific challenges in the perioperative period. This review aims to synthesize the evidence related to the perioperative evaluation and management of these devices, which will contribute to optimizing the clinical outcomes and safety of our youngest patients.

Resumen

El manejo perioperatorio de pacientes pediátricos con diabetes mellitus (DM) es desafiante y requiere un enfoque multidisciplinara e individualizado. La DM es una patología frecuente en el perioperatorio y aumenta significativamente la morbimortalidad cardiovascular, renal y metabólica. Nuevas tecnologías de administración de insulina automatizada y monitoreo continuo de glucosa están transformando la atención de la DM, pero generando desafíos específicos en el perioperatorio. Esta revisión busca sintetizar la evidencia relacionada a la evaluación y manejo perioperatorio de estos dispositivos, que contribuya a optimizar los resultados clínicos y seguridad de nuestros pacientes más pequeños.


  • Introducción

La diabetes mellitus (DM) es una enfermedad metabólica y cardiovascular crónica caracterizada, en su gran mayoría, por una deficiencia relativa de insulina asociada a resistencia a su efecto (DM2, 96% de los casos) o deficiencia absoluta de insulina secundaria a la destrucción autoinmune de las células beta pancreáticas (DM1, 4% de los casos).

Aproximadamente, 589 millones de personas en el mundo padecen diabetes, superando el 10% de la población global. Se proyecta que esta cifra podría exceder los 853 millones para el año 2050. En Estados Unidos, aproximadamente 1 de cada 300 niños padece DM1, y la incidencia continúa en aumento[1],[2]. En Chile, la prevalencia es del 12%, afectando a más de 1,8 millones de personas, lo que la convierte en la patología crónica más común en población pediátrica y adulta[3]. La incidencia de diabetes mellitus tipo 1 en la población chilena menor de 20 años es de 10,59 casos por 100.000 habitantes/año y de 11,38 casos por 100.000 habitantes/año en menores de 15 años, con un aumento sostenido a lo largo del tiempo. Por grupos etarios, las tasas fueron de 5,6 en niños de 0-4 años, 12,1 en 5-9 años, 15,8 en 10-14 años y 8,7 en adolescentes de 15-19 años[4].

La diabetes tiene un impacto significativo en el contexto perioperatorio, aumentando significativamente los costos y el riesgo de morbimortalidad perioperatoria, incluyendo eventos cardiovasculares mayores (MACE) e injuria miocárdica (MINS), alteraciones inmunitarias que se traducen en infecciones y retraso de cicatrización, disfunción renal y alteraciones hidroelec- trolíticas, además de desequilibrios metabólicos tales como dis- glicemia y cetoacidosis. Por lo anteriormente expuesto, no es de extrañar que forme parte integral de los principales puntajes de riesgo cardiovascular recomendados en el perioperatorio[5]-[7].

El ayuno, cambios dietarios, modificaciones en el tratamiento, interferencias con la monitorización metabólica, efectos farmacológicos de drogas anestésicas, alteraciones de perfusión y temperatura, junto con el estrés quirúrgico acentúan estos riesgos. Fisiopatológicamente estos factores junto a la falta de insulina y una inadecuada utilización de glucosa generan un estado de desregulación hipercatabólica, dominado por los efectos de epinefrina, glucagón, cortisol y hormona del crecimiento, que resultan en la activación de vías alternativas de producción energética o neoglucogénesis a partir de músculo y tejido graso, proteólisis y lipolisis, generación de cuerpos cetónicos (acetoacetato, acetona y en su gran mayoría beta-hidroxibutirato), cetosis y acidosis, aumento de la variabilidad glicémica y disglicemia[2],[8].

Nuevos avances en el control metabólico automatizado y continuo han transformado y optimizado el cuidado de estos pacientes. El uso de dispositivos de administración insulínica para el manejo de la diabetes ha experimentado un crecimiento significativo desde su invención en la década de los 60. Sólo el 1% de los pacientes DM1 usaba este tipo de terapia en 1995 en Estados Unidos. Actualmente, alrededor del 60% lo hace e incluso su indicación se ha expandido a ciertos pacientes con DM2 insulino-requirentes (DMIR)[1],[2],[9],[10]. Se estima que alrededor de 50% de pacientes con DMIR utiliza dispositivos de monitoreo continuo de glucosa intersticial[11]-[13]. Por último, la combinación más reciente de monitores y bombas de administración en “asa cerrada” o automatizada también ha experimentado una adopción acelerada desde su aprobación por la Food and Drug Administration (FDA) en 2016, utilizado actualmente por más de un tercio de los pacientes con DM1 en ese país, siendo la principal barrera de acceso el costo asociado y la falta de cobertura en el asegurado[11]. En Chile, a diciembre de 2023, de las 23.132 personas que tienen DM1, alrededor del 9,3% (2.151) utiliza bombas de insulina otorgadas por la Ley Ricarte Soto y unos 15.000 pacientes con diabetes tipo 1 y 2 utilizan monitores continuos de glucosa (MCG) con financia- miento privado, ya que el programa de garantías explícitas en salud (GES) no los cubre. La alta adopción de MCG, sin cobertura, destaca el reconocimiento de esta tecnología por pacientes y profesionales, así como predice el aumento que tendrá su uso en los próximos años[14].

Lamentablemente, el manejo perioperatorio actual de pacientes diabéticos sigue presentando numerosas deficiencias a nivel global, caracterizados por la falta de información sobre el manejo de estos nuevos dispositivos, control glicémico subóptimo y errores en la implementación de las recomendaciones internacionales. Estas deficiencias incrementan los riesgos quirúrgicos y afectan negativamente la seguridad y los resultados clínicos de los pacientes[15].

Pese los beneficios en calidad de vida (muestreo indoloro, menor intervención usuaria) y calibración metabólica mantenida de manera más fisiológica y flexible (menor variabiliadad glicémica e incidencia de disglicemia), estos dispositivos han generado nuevas dificultades perioperatorias, tales como disfunción, inexactitud en el monitoreo glicémico y administración aberrante, manipulación errónea por personal clínico, hasta incompatibilidad con ciertos procedimientos y necesidad de modificación terapéutica transitoria[2],[11],[16],[17].

Los anestesiólogos deben estar familiarizados con las indicaciones, contraindicaciones y protocolos para la continuidad, ajuste o suspensión de estas modalidades terapéuticas durante el perioperatorio. Esta decisión no sólo impacta el control de la enfermedad, sino que posee un impacto económico no despreciable para nuestros pacientes, por lo que debe ser correctamente fundamentada. Además, la adecuada coordinación con endocrinología, un monitoreo glicémico riguroso y un plan de manejo glicémico alternativo en caso de suspensión o fallas, son fundamentales para prevenir episodios de hipoglicemia, hi- perglicemia o cetoacidosis, que pueden aumentar la morbilidad y prolongar la hospitalización.

Este documento tiene como objetivo proporcionar una guía práctica basada en la evidencia actual y las recomendaciones de expertos para el manejo perioperatorio de pacientes pediátricos con diabetes insulinorrequirente (DMIR) que se encuentran usando monitores continuos de glucosa (MCG) o terapia con infusiones continuas de insulina subcutánea (CSII), promoviendo la seguridad y mejores resultados en esta población.

  • Dispositivos en diabetes

Por su parte existen 2 tipos principales de dispositivos usados en diabetes: los de monitorización de glucosa y los de administración de insulina. Pese a que los lápices y jeringas de insulina forman parte de este último grupo, no serán analizados en esta revisión por motivos prácticos.

Dispositivos de monitorización

1. Monitoreo de Glucosa Capilar (GC) o Glucómetros de Punto de Atención (POC)

Son los métodos más utilizados y tradicionales para el control de la glucosa. Requieren de punciones para obtener una gota de sangre capilar (GC) o sangre (POC). Proporcionan mediciones intermitentes de glucosa y por tanto, no logran detectar de manera confiable hipoglicemias asintomáticas o nocturnas. La precisión de estos glucómetros puede ser susceptible de interferencias debido a factores como:

• Tipo de enzima utilizada en el medidor:

– Estos utilizan reacciones enzimáticas, ya sea glucosa oxidasa o glucosa deshidrogenasa.

– Los monitores basados en glucosa oxidasa son sensibles a la concentración de oxígeno, por lo que puede causar falsas lecturas bajas en pacientes con oxígeno suplementario

o elevadas en pacientes con baja oxigenación.

– Los monitores basados en glucosa deshidrogenasa generalmente no son sensibles al oxígeno[18].

• Condiciones ambientales:

– Temperatura, humedad y altitud pueden alterar las lecturas.

• Medicamentos o sustancias fisiológicas:

– En el caso de los monitores con glucosa oxidasa la vitamina C, urato, galactosa, maltosa, variaciones del hematocrito y medicamentos como dopamina, N-acetilcisteína, paracetamol y furosemida[18],[19].

• Calidad y almacenamiento de las tiras reactivas:

– El uso de tiras vencidas, mal almacenadas o falsificadas.

• Errores técnicos y factores físicos:

– La ubicación de la punción, la cantidad insuficiente de sangre, la contaminación o compresión de la muestra, y errores en la técnica pueden afectar la exactitud[1].

Tabla 1. Métricas generales de MCG[24],[25]

Métrica Interpretación Objetivos
Métricas de uso
Wear time Número de días que el dispositivo de MCG se usa > 14 días
Active percentage time Porcentaje de tiempo que el dispositivo de MCG está activo 70% del tiempo de 14 días
Métricas glicémicas
Average glucose (AG) Promedio de los valores de glucosa *
Glucose management indicator (GMI) Valor calculado que se aproxima a HbAlc (no siempre es equivalente) *
Glucose coefficient of variation (CV) Variación de los valores de glucosa o variabilidad glicémica < 33%-36%
TAR > 250 mg/dL Porcentaje de tiempo en hiperglicemia nivel 2 < 5%
TAR 181-250 mg/dL Porcentaje de tiempo en hiperglicemia nivel 1 < 25%
TIR 70-180 mg/dL Porcentaje de tiempo en rango > 70%
TBR 54-69 mg/dL Porcentaje de tiempo en hipoglicemia nivel 1 < 4%
TBR < 54 mg/dL Porcentaje de tiempo en hipoglicemia nivel 2 < 1%

MCG: monitoreo continuo de glucosa; TAR: tiempo sobre el rango; TBR: tiempo bajo el rango; TIR: tiempo en rango; * Los objetivos para estos valores no están estandarizados.

2. Monitores Continuos de Glucosa (MCG)

A diferencia de los glucómetros clásicos, los MCG miden la concentración de glucosa en el líquido intersticial subcutáneo. Son una nueva herramienta que permite el registro continuo y casi en tiempo real (desfase de 1-15 minutos) de los niveles de glucosa, proporcionando información sobre tendencias y fluctuaciones (variabilidad glicémica) que otras mediciones de estado de control glicémico crónico, como la hemoglobina glicosilada (HbA1c) o el muestreo intermitente, no detectan y que son relevantes dado que se asocian a mayor mortalidad y complicaciones perioperatorias[20],[21]. Posibilita la incorporación de metas más precisas que evitan disglicemias a lo largo del día, además de evitar punciones molestas tan seguidas (igualmente se requerirán para la calibración del dispositivo). El uso de MCG se asocia con un menor número de episodios de cetoacidosis diabética (CAD) y eventos de hipoglicemia grave en niños y adolescentes, incluso desde el primer año de uso tras el diagnóstico[22].

Los índices de control más utilizados son: tiempo en y fuera de rango (TIR, TAR, TBR), indicador de manejo de glucosa (GMI, similar a lo que sería la HbA1c), Glucosa promedio (AG), variabilidad glicémica (GV o CV). Los principales objetivos terapéuticos de estos se resumen en la Tabla 1[18],[22],[23].

El uso de estos monitores ha aumentado considerablemente en la última década, especialmente en la población pediátrica. Se han convertido en el estándar de monitorización de glucosa en niños y adolescentes que reciben terapia con insulina en condiciones estables[18],[22].

Su uso puede estar limitado por disponibilidad de recursos y costos, la capacidad del paciente o cuidador de autogestionar su control, e interferencias en su funcionamiento por diversos factores que alteran el cociente de concentración o equilibrio de glucosa entre sangre: intersticio o que generan disfunción del equipo (Interferencia “Electrofisiomecánica”). La hipoperfusión, hipo/hipertermia, uso de ciertos medicamentos (paracetamol, vitamina C, albuterol, manitol, hidroxiurea, sorbitol, atenolol y lisinopril) y factores físicos como interferencia eléctrica (electro- cauterio), compresión, isquemia, magnetismo (resonancia magnética) o radiación (fluoroscopia, tomografía computada), son capaces de desviar las mediciones. Aunque escasos modelos son compatibles con resonancia magnética (RM), su capacidad de monitorización se pierde y sólo se permite su permanencia in situ por tiempos restringidos que van entre 12 min para RM con campos de 3 Tesla (T) y hasta 1 h con campos de 1,5 T[26]. Como regla general, estos no deben usarse durante este tipo de exámenes debido al potencial riesgo de quemaduras, trauma mecánico y disfunción a menos que se cuente con la especificación pertinente y aprobación del especialista.

Otros factores a considerar son las reacciones irritativas cutáneas locales por contacto e incluso ocasionalmente anafilaxia (vinculadas a la presencia de acriliato de isobornilo), vencimiento o duración limitada (mayoría oscila entre 10-14 días), incapacidad de reinstalarse una vez removidos, costos y coberturas previsionales, frecuencia (continua, intermitente), mecanismo (lector independiente, celular del paciente o aplicación de acceso compartido) y propiedad del acceso a estos datos (consentimiento de confidencialidad, daño o extravío de estos elementos que son propiedad privada del paciente)[11],[18].

Debido a estas limitaciones, se recomienda que las lecturas de MCG periprocedimentales sean siempre verificadas con mediciones de glucosa en sangre (capilar, venosa o arterial) antes de tomar decisiones de tratamiento. Actualmente, ningún MCG ha sido certificado para uso intraoperatorio debido a inconsistencias en la precisión de sus resultados[16].

  • Dispositivos de administración insulínica continua

  • Bombas subcutáneas de insulina

Estas bombas también conocidas como terapia de infusión continua subcutánea de insulina (CSII), son dispositivos externos, operados por batería que contienen un reservorio de insulina rellenable. Las CSII administran insulina rápida o ultrarrápida de manera continua a través de una cánula insertada en el tejido subcutáneo. Pueden permitir un suministro basal constante de insulina que además puede ser suplementado con bolos adicionales antes de las comidas para evitar hiperglice- mia.

Dentro de las ventajas que ofrecen, destaca un mejor control glicémico al permitir dosis más flexibles y ajustadas de insulina con la capacidad de modificar las tasas basales según la hora del día, actividad física o situaciones de enfermedad con menores episodios de hipoglicemia severa, así como mejoras en la calidad de vida de los pacientes por reducir la carga del cuidado, como también la capacidad de disminuir la incidencia y retrasar la progresión de complicaciones a largo plazo como retinopatía y anormalidades de nervio periférico[25],[27]. En pediatría, su uso ha aumentado considerablemente, con un porcentaje alto de niños, incluso menores de 6 años, utilizando estos dispositivos junto con monitores continuos de glucosa (MCG) para un manejo más preciso e incluso de manera automatizada o en “asa cerrada”[2],[18],[28].

Similar a los MCG, estos dispositivos no son compatibles con resonancia magnética, pueden generar irritación cutánea o infecciones en los sitios de contacto o punción, condiciones físicas como temperatura, compresión, golpes, desprendimientos, isquemia y alteraciones perfusionales pueden alterar la absorción de la terapia entregada, la interferencia eléctrica puede generar disfunción o alteración de su programación, poseen autonomía limitada y necesidad de recambio (batería, cánula de administración y punción, consumibles de insulina), y aunque muchos son impermeables, no resisten inmersión prolongada. Además, su uso requiere capacidad de autogestión por parte del paciente o cuidador, y en el caso del perioperatorio por parte del equipo clínico a cargo del paciente.

  • Bombas de insulina endovenosa

Las bombas de insulina endovenosas se utilizan en el contexto perioperatorio para el manejo de la glicemia en pacientes con diabetes, especialmente en procedimientos quirúrgicos mayores, patologías concomitantes severas del paciente o cuando la continuidad del tratamiento con bomba subcutánea o terapia insulínica prolongada basal no es posible o segura. Estas bombas administran insulina de acción rápida de manera continua a través de una infusión intravenosa, permitiendo un control más preciso y ajustable de los niveles de glucosa en sangre durante el período quirúrgico y posoperatorio en unidades críticas. Estas infusiones suelen ser superiores a la forma subcutánea en mantener un control adecuado en cirugías prolongadas o de alto riesgo. Se recomienda la transición a infusión endovenosa cuando el procedimiento es de riesgo elevado, conlleva un estrés quirúrgico o cambios perfusionales acentuados, supera las dos horas de duración, el control metabólico no es alcanzado con otras formas de tratamiento, en pacientes críticos o cuando el equipo clínico en el perioperatorio no está familiarizado con las CSII. Se debe realizar una monitorización estricta y frecuente de la glicemia (cada 30 minutos -1 hora) y el ajuste de dosis debe ser según la edad, sensibilidad y los requerimientos del paciente[8],[29].

Este tipo de dispositivo es de exclusivo uso intrahospitala- rio en unidades críticas y por períodos acotados, requieren de un acceso endovenoso confiable y correctamente mantenido, y poseen riesgo de hipoglicemia severa si no son manejadas y monitorizadas de manera adecuada por personal capacitado. Una vez suspendida, debe ser reemplazada por esquemas basales y correccionales, combinando insulinas de acción prolongada y ultrarrápida manual o insulina rápida por medio de CSII.

  • Manejo de dispositivos en el perioperatorio

Preoperatorio

Los pacientes DM usuarios de dispositivos tanto de moni- torización glicémica como de administración insulínica deben ser preparados para procedimientos diagnósticos o intervencio- nales que puedan generar interferencia y error en su funcionamiento, con las consecuencias terapéuticas, tanto por sobre como subdosificación que esto conllevaría. El manejo preoperatorio requiere un enfoque cuidadoso para mantener la nor- moglicemia, prevenir complicaciones metabólicas y asegurar una transición segura al periodo quirúrgico.

Símil a lo que sucede con un dispositivo eléctrico implantable tipo marcapaso que son vistos por electrofisiología antes de una intervención, los pacientes usuarios de estos dispositivos requieren un control preoperatorio por especialista para asegurar un estado de funcionamiento adecuado y efectivo validado por un estado de control glicémico apropiado, suministros suficientes y no caducos (batería, insulina, MCG), compatibilidad funcional y de localización con el procedimiento, realizar una educación al usuario para que pueda reprogramar y calibrar el dispositivo de forma adecuada en el perioperatorio adaptando la terapia a los cambios en el aporte y consumo metabólico proyectados con flexibilidad adaptativa, para por último generar también un plan terapéutico insulínico alternativo en caso que se requiera suspender de forma transitoria la terapia previa, así como uno para reintegrarla. Idealmente, esto debiera quedar por escrito en ficha clínica, a fin de que el resto del equipo mul- tidisciplinario a cargo del paciente en el perioperatorio tenga conocimiento del plan. Además, contar con protocolos institucionales y equipos especializados (diabetes or glucose management team, DGMT) que puedan gestionar estos cuidados en todas las etapas es recomendado en la literatura[11],[30].

Sin embargo, existen escenarios en que una evaluación previa o manejo especializado no serán posibles, tales como cirugías de emergencia o en centros que no cuenten con la disponibilidad de especialistas en diabetes o DMGT. Es por tanto, indispensable que el anestesiólogo conozca estos dispositivos y su funcionamiento. Los principales principios de esta evaluación se reflejan en la Tabla 2. Una lista de chequeo útil para evaluar la compatibilidad, continuidad, suspensión transitoria o necesidad de remoción del dispositivo se expone en la Tabla 3.

Preoperatorio inmediato e intraoperatorio

Una vez realizada la evaluación preoperatoria descrita anteriormente, se debe determinar si se mantendrán, suspenderá su funcionamiento o removerán los dispositivos del paciente (Tabla 3). En todos los casos se debe contar con un plan de manejo insulínico de respaldo personalizado e integral (aporte basal, preprandial y correccional). Independientemente de que se continue con la MCG, siempre debe monitorizarse y contrastarse las concentraciones de glucosa con glucómetros estándar, POC o glicemias de laboratorio durante todo el período perioperatorio intrahospitalario. La frecuencia de monitoreo varía según condición de aportes y patología, pero en general durante alimentación enteral deben ser preprandiales, durante ayuno c/4-6 h, en preoperatorio c/4 h, en intraoperatorio de cirugía > 2h c/90-120 min y en cirugías cortas ambulatorias < 2h pre y posoperatorio, durante terapia con insulina c/30 min-2 h según tipo de insulina y vía de administración utilizada. Hipoglicemias, hiperglicemias o complicaciones como cetoacidosis deben detectarse y tratarse precozmente[2],[6],[31],[32].

Todo esto idealmente en acuerdo con los lineamientos planteados por el tratante (diabetología/endocrinología), protocolos institucionales y recomendaciones internacionales, titulado a la sensibilidad, consumo y aportes propios de cada paciente. En casos de urgencia, se recomienda acceder a la mayor cantidad de información clínica actualizada posible, realizar una anamnesis detallada (Tabla 2), pedir apoyo al DGMT si es posible y determinar según tipo de cirugía y estado del paciente la conducta más apropiada.

Si bien no existe un consenso único internacional, la mayoría de las sociedades expertas en diabetes consideran que un objetivo perioperatorio de glicemia a mantener de 100 a 180 mg/dL parece adecuado en la mayoría de los pacientes, y entre 140-180 mg/dl para pacientes críticos. Se puede ser menos estricto en pacientes ambulatorios o frágiles[24],[32],[33]. La mayoría de las CSII se encuentran programadas para trabajar en estos rangos objetivos. Algunas permiten además activar modos de actividad o ejercicio que elevan el objetivo perseguido permitiendo glicemias más elevadas (140-160 mg/dl) en situaciones de estrés fisiológico que pueden resultar una herramienta útil en caso de requerirlo en el perioperatorio de pacientes críticos que no han podido ser evaluados con anticipación por el equipo de diabetes. En general se puede continuar con la tasa basal ajustada preoperatoriamente (usualmente reducción del 10%-20% del basal crónico)[8],[11].

Antes de ingresar a pabellón, debe evaluarse la condición y tiempos de ayuno. Tiempos prolongados sin suplementación y asociados a consumo metabólico elevado por patología intercurrente (ej. sepsis) pudiesen asociarse a hipoglicemia y deshidra- tación, especialmente en menores de 1 año. Además, pudiesen igualmente asociarse a vaciamiento gástrico incompleto y riesgo de aspiración producto del efecto de patología gastrointestinal aguda, nuevos hipoglicemiantes análogos de incretinas o gastroparesia diabética. También, se debe considerar y preparar para enfrentar una posible neuropatía autonómica, que puede alterar respuesta a atropina y efedrina[8]. Por otro lado, los efectos del estrés fisiológico de la patología médico-quirúrgica

a intervenir, cambios en la dieta y suspensiones en el tratamiento pudiesen desencadenar también períodos de disglicemia que resulten en hiperglicemia y cetoacidosis. Por lo mismo debe realizarse un monitoreo glicémico seriado desde algunas horas antes de ingresar a pabellón si la situación lo permite. En caso de hiperglicemia persistente con baja respuesta a insulina correccional y/o alteraciones clínicas que sugieran complicación, se recomienda tomar b-hidroxibutirato en sangre y gases venosos para descartar cetoacidosis. Esta puede presentarse incluso en condiciones de normoglicemia gracias a la acción de algunos hipoglicemiantes inhibidores de canales de sodio glucosa del tipo SGLT-2. La decisión de continuar o postergar la cirugía dependerá de la urgencia de esta. Si se sospecha una disfunción de alguno de los dispositivos, estos deben ser suspendidos y reemplazados por el plan de manejo insulínico de respaldo detallado anteriormente. Esto es importante ya que todas utilizan insulinas de acción ultrarrápida (habitualmente U 100 o 100 U/ ml), por lo que su interrupción puede generar rápidas alzas en niveles de glicemia y cetoacidosis[1],[34].

También debemos realizar una nueva inspección de los dispositivos a utilizar. Se pueden usar listas de chequeo como la expuesta en la Tabla 3. Los pacientes pueden posicionar los dispositivos en otras partes del cuerpo, para evitar la incompatibilidad con el campo quirúrgico, otros monitores, el po- sicionamiento quirúrgico requerido o las posibles fuentes de interferencia electrofisiomecánica o magnética (por ejemplo, electrocauterización, fuentes de calor, resonancia magnética o fluoroscopia). La colocación de un dispositivo en una ubicación no recomendada (que no sea brazo, muslo o abdomen) debe ser discutida entre el paciente y los médicos tratantes, ya que no se puede garantizar la correcta operación de esta. La presión biomecánica de un MCG o tejidos circundantes conduce a lecturas de glucosa falsamente bajas, ya que provoca una respuesta fisiológica en el tejido afectado que altera las lecturas del sensor. El posicionamiento del paciente y la colocación de almohadillas para los procedimientos quirúrgicos o el uso de manguitos de presión arterial o isquemia, pueden ejercer presión sobre los sensores y los tejidos adyacentes, lo que provoca errores en la monitorización de la glucosa. Los valores inexactos de MCG durante el período del procedimiento son más relevantes para los pacientes con dispositivos de administración de insulina automatizada, ya que esto dará lugar a una dosificación de insulina inadecuada.

En casos en que la lista de chequeo o factores intraoperatorios (interrupción de funcionamiento, dispersión en mediciones con respecto al control o glicemias > 250 mg/dl o < 80 mg/dl, cambios en el abordaje e incompatibilidad secundaria, requerimiento de resonancia magnética, entre otras causas) determinen la suspensión o remoción del o los dispositivos, esto debe ser documentado y argumentado en ficha clínica y comunicado cuando sea pertinente al paciente o sus familiares junto con poner el plan de respaldo insulínico ajustado en marcha. No se recomienda usar la bomba para administrar bolos en modo automático. Para suspender la terapia, basta con apagar el equipo y remover los suministros de insulina. Para remover los sensores o bomba, deben seguirse las especificaciones del proveedor, idealmente por parte del paciente antes de comenzar el procedimiento.

Tabla 2. Evaluación preoperatoria especializada

Procedimiento a realizar Riesgo, abordaje, estrés fisiopatológico y uso de elementos que generen interferencia magnética o electromecánica – Tipo de DM: 1, 2 u otra

– Dependencia de insulina: Insulino-requirente (IR) o no IR (NIR)

– Tiempo de evolución: Años desde el diagnóstico

– Fecha último control y Tratante

– Estado de control glicémico: Historial glicémico, HbA1c, glucosa en ayunas, índices de control en dispositivo (ver métricas de MCG)

– Daño de órgano blanco

-Tratamiento actual: Fármacos orales e inyectables, insulina y esquemas de administración, dispositivos

Antecedentes de Diabetes Mellitus (DM) – Realizar una valoración clínica completa, incluyendo revisión de signos vitales, estado nutricional y signos de deshidratación o infección

– Solicitar laboratorios básicos: glicemia capilar, HbA1c, electrolitos séricos, función renal y cetonas en sangre u orina si hay sospecha de descompensación

– Confirmar que el paciente no presente descompensaciones agudas como cetoacidosis diabética ni infecciones activas que contraindiquen la cirugía electiva

Comorbilidades Frecuentes – Obesidad y SAHOS

– Síndrome ovario poliquístico

– Alteraciones autoinmunes: Tiroideas, enfermedad celíaca

– Uso de corticoides, antiagregación o anticoagulación

– Enfermedad cardiovascular: Dislipidemia, HTA y cardiopatía

– Retinopatía y Neuropatía: Periférica y/o autonómica

– Enfermedad hepática

– Enfermedad renal (con o sin diálisis; si es con diálisis, especificar modalidad (peritoneo o hemodiálisis), frecuencia, incidentes y último control de electrolitos plasmáticos)

– Uso de sustancias (tabaquismo, alcohol, drogas)

Dispositivos Tipo (MCG, CSII o combinado automatizado)

Métricas de control (MCG: TIR, TAR, TBR, GMI, CV). Tipo de monitor de lectura de estas (Celular, aplicación, monitor independiente dedicado)

Software: Programación, calibración y funcionamiento del equipo

Hardware: Localización, estado de tubos, zona de inserción y sujeción

Consumibles y caducidad (Batería, cánulas, tubuladuras, insulina, MCG)

Compatibilidad con procedimiento (Conflicto de espacio/localización e Interferencia Electrofisiomecánica, experiencia del equipo anestésico y recomendaciones endocrinológicas)

Historial quirúrgico y anestésico Comúnmente: Adenoamigdalectomía CEF (SAHOS), catéteres, fístulas arteriovenosas (FAV), marcapasos, angioplastias, cirugías cardíacas y pancreáticas, amputaciones

Complicaciones anestésicas. Manejo glicémico perioperatorio previamente utilizado

Derivar a especialista tratante (diabetología o DGMT) a todo paciente con indicación de cirugía electiva de riesgo elevado que tenga una o más de las siguientes condiciones: Nuevo diagnóstico de DM, DM1, DM IR de difícil manejo (ej. nutrición parenteral, corticoesteroides en altas dosis), terapia subóptima o mal control metabólico (HbA1c > 8,5%, alta variabilidad glicémica, hipoglicemia frecuente), Sin control médico > 3-6meses, Usuario de dispositivos de monitorización o administración insulínica, mentalmente afectado o incapacitado de autogestionar tratamiento en el perioperatorio

Programar la consulta preoperatoria con al menos 7-10 días de anticipación para permitir ajustes en el control glicémico si es necesario

Priorizar cirugías en pacientes diabéticos durante las primeras horas del día para reducir los tiempos de ayuno y facilitar el control metabólico (idealmente omitir tan sólo 1 comida). Favorecer hidratación hasta 2-4 h preprocedimiento y evitar bebidas carbohidratadas. En usuarios de hipoglicemiantes orales, otras condiciones que alteren el vaciamiento gástrico o síntomas que lo sugieran, se puede utilizar ecografía gástrica para evaluar este si se cuenta con la capacitación correspondiente

Gestionar Asegurar la disponibilidad de monitoreo continuo o frecuente de glicemia en el pre, intra y postoperatorio Registrar las instrucciones finales en la ficha clínica, entregarlas por escrito y explicarlas al paciente, familiares y/o cuidadores para minimizar errores. Incorporar el plan de manejo glicémico perioperatorio siguiendo las directrices recomendadas, ya sea por tratante o DGMT, consenso internacional y/o protocolos instituciones ajustados al paciente en particular

Determinar unidad de destino postoperatorio

Nota: Todo plan de manejo insulínico debe contemplar 3 formas de administración: BASAL (insulina de acción prolongada o bomba de insulina subcutánea continua o bomba de insulina endovenosa continua) + PREPRANDIAL (mientras se mantenga o reasuma ingesta, puede ser mediante escalas correccionales o bombas de insulina) + CORRECCIONAL (administración de insulina SC o EV según resultados de monitoreo horario o continuo según contexto y protocolos institucionales). Un esquema exclusivamente correccional no es lo recomendable o aceptable en la actualidad

Tabla 3. Lista de chequeo pre-procedimental para usuarios de MCG o CSII

Una o más respuestas negativas, debe suspenderse o removerse terapia/monitoreo dependiendo del caso particular. Si todas las respuestas son afirmativas puede procederse con la terapia/monitoreo habitual. Siempre debe contarse con plan insulínico de respaldo en caso de fallas o suspensiones de la terapia.

Durante la cirugía el correcto manejo del estrés quirúrgico y analgesia adecuada es importante para minimizar la respuesta neuroendocrina secundaria que puede aumentar la producción de glucosa endógena y la resistencia a la insulina. No existe evidencia relevante que favorezca una modalidad anestésica por sobre otra mientras se persigan los estándares de calidad de cuidado perioperatorio. Dexametasona puede elevar la glucosa y debe usarse con precaución, sobre todo en casos de estado de control metabólico deficiente. Puede usarse en dosis bajas (0,05-0,1 mg/kg) en pacientes más estables como parte del esquema de prevención de náuseas y vómitos, multimodalidad analgésica, antiinflamación o disminución de edema cerebral. El sulfato de magnesio por su parte ayuda a controlar la glucosa al aumentar la sensibilidad y secreción de insulina, disminuye la liberación de hormonas de contrarregulación y glucogenólisis hepática, además de sus efectos analgésicos, broncodilatado- res, anticonvulsivantes y antiarrítmicos[1],[2],[6],[31],[35].

Postoperatorio

El manejo posoperatorio se centra en la continuidad del control glicémico, la prevención de complicaciones metabólicas y la optimización de la recuperación.

La monitorización de la glucosa capilar o sanguínea debe ser rigurosa, al menos cada hora en la fase inicial, y su frecuencia se ajustará según la estabilidad clínica. En casos de uso de MCG, esta servirá como complemento, pero las mediciones capilares o sanguíneas se utilizarán igualmente para confirmación hasta que el paciente se encuentre estable, no existan factores de interferencia, las mediciones coincidan y se plantee el alta.

En cuanto a la administración de insulina, si el paciente mantuvo la bomba durante la cirugía, se debe verificar su correcto funcionamiento al ingresar a la unidad de recuperación. La tasa basal preajustada para el posoperatorio inmediato debe continuar, y las correcciones para la hiperglicemia se harán con insulina rápida subcutánea según los factores de corrección individuales.

Para los pacientes que recibieron insulina intravenosa transitoria, la bomba de insulina se reiniciará una vez que toleren la alimentación oral completa. Mientras tanto, se continuará con infusiones de glucosa y se ajustará la insulina por vía intravenosa o subcutánea, siguiendo las indicaciones endocrinológicas o protocolos institucionales.

La reintroducción de la alimentación oral se debe realizar a la brevedad posible para facilitar el retorno al régimen de insulina habitual y prevenir episodios de hipoglicemia.

Finalmente, es crucial la vigilancia de complicaciones. Se deben monitorear los signos de cetosis o cetoacidosis, especialmente si la hiperglicemia persiste (> 250 mg/dL), midiendo b-hidroxibutirato en sangre o cetonas en orina (menos confiable), además de gases sanguíneos. Las hipoglicemias tempranas deben tratarse con la administración de glucosa oral o intravenosa, dependiendo de la situación clínica del paciente.

  • Conclusión

El manejo perioperatorio de niños y adolescentes con diabetes que usan dispositivos de monitorización de glucosa o administración insulínica continua requiere una planificación individualizada, multidisciplinaria y coordinada entre los equipos de anestesia, cirugía, endocrinología/diabetes y enfermería para garantizar la estabilidad metabólica, garantizar seguridad y mejorar los resultados quirúrgicos. El desarrollo de equipos multidisciplinarios de manejo especializados (DGMT), listas de chequeo y protocolos locales afines es deseable.

  • Referencias

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